El otro caimán

Es una constante histórica que los pueblos transformen algunos hechos significativos de la vida real en leyendas que disfrazan el contenido de éstos, las cuales se transmiten de generación en generación con ocasionales variantes, pero conservando su contenido. Estas leyendas, que son tomadas generalmente como elementos del folclor, y que muchos aceptan como hechos históricos verídicos, encierran, como alegorías, un mensaje de orden moral o escarmiento.

En la población de Plato, de ancestros Chimila, a orillas del rió Magdalena, tienen una interesante leyenda relacionada con su posición ribereña. Se trata de la “leyenda del hombre caimán”. Ésta nada tiene que ver con Ciénaga ni con San Sebastián y menos con Tomasita, pues se trata de otro caimán.

Cuenta, en síntesis, que los pobladores de Villa de la Concepción de la Plata, como fue el nombre originario de Plato, tomaban el baño en las aguas del rio separados los hombres de las mujeres en sitios diferentes.

Las mujeres lavaban la ropa y se bañaban en el caño conocido como de “las mujeres”, libres de todo trapo que impidiera el contacto directo y masajeador del torrente. Sin embargo, no faltaron los curiosos que se acercaran deslizándose por el suelo y ocultos por la vegetación a contemplar la galería de cuerpos femeninos, de todas las edades; voluptuosos o desgarbados.

Ante este hecho, el alcalde dicta un decreto prohibiendo a los varones visitar o bañarse en el caño de “las mujeres” (que llevaba también implícita para ellas la recomendación de bañarse cubiertas). Saúl Montenegro, personaje tomado como protagonista, no resistió ni pudo reprimir su obsesivo afán por ver el espectáculo que ofrecía ese reguero de mujeres en pelotas, chapoteando agua. Un brujo en la Guajira le dio la solución: un bebedizo color rojo que lo convertiría en caimán y uno blanco que lo devolvería a su forma humana.

Animado y con unos tragos de ron, Saúl se untó la pócima roja. Con la piel de un color oscuro indefinible, endurecida y cuarteada, y con los ojos más grandes y desorbitados nadó hasta el caño de las mujeres y se deleitó hasta el cansancio. De regreso al puerto del Jabonal lo esperaba un amigo con la botella del líquido blanco. Pero fue tal el susto de éste cuando vio salir del agua semejante animal con las fauces abiertas y esos ojazos lujuriosos enrojecidos, que no sólo se le pasó la borrachera sino que soltó la botella.

La botella se rompió al caer y el líquido blanco que salpicó alcanzo a bañar la cabeza y las manos del caimán. Como consecuencia, sólo estas partes reversaron a la forma humana. Saúl quedó así convertido en un caimán con cabeza y manos de hombre, que siguió aprovechando su condición para pasar inadvertido y atisbar, a todas sus anchas, a las mujeres desnudas bañándose en el río.

Los padres y maridos celosos y contrariados porque un caimán con cabeza de hombre se la pasaba cogiendo punta a sus mujeres e hijas, se armaron de escopetas, machetes, cuchillos, arpones y garrotes, y emprendieron la más tenaz de las persecuciones de cacería. El hombre caimán no tuvo otra alternativa que huir nadando río abajo.

Fuga esta que valió de inspiración a José María Peñaranda para componer, con base en el relato, la canción “se va el Caimán”, en 1941. Y que resultó un éxito internacional grabado por importantes orquestas, entre ellas la Billos Caracas Boy´s.

Es claro que el centro de esta leyenda es la fascinante atracción que ejerce el cuerpo de la mujer sobre los ojos masculinos, más aún cuando se trata de una remota época en que de ellas sólo se veían la cara, las manos y, si acaso, los pies; así como la recomendación a los muchachos y adultos para que repriman el deseo de avistar a las mujeres desnudas cuando están en su intimidad.

El relato oculta o disfraza sí un hecho: la marcada obstinación de algunos hombres plateños, jóvenes y adultos, de la época por ver a las mujeres desnudas, lavando o bañándose en el río. El decreto del alcalde es producto de la queja de los maridos y padres molestos, o de pronto de las mismas mujeres. Aunque no se descarta que al fragor del río, el viento y la maleza se dieran encuentros programados y clandestinos entre ellos y ellas.

El decreto del alcalde fue acogido por unos mientras otros, tal vez los jóvenes, no pudieron controlar el voyeurismo que los afectaba, y persistieron en deslizarse sigilosos entre la maleza cual caimanes en busca de saciar su apetito visual. Las mujeres continuaron tomando el baño en tentadoras condiciones.

Se va el caimán, dice J. M. Peñaranda, se va para Barranquilla. Pero bien pudo ser para cualquier otro pueblo, pues son los jóvenes, en la supuesta fuga, que agotadas las posibilidades de estudio en Plato, debían viajar, río abajo, para continuarlos en otras ciudades. Y también a mirar pantaletas de niñas mal sentadas o, trepados en azoteas, escrutar con ojos de lince los patios y ventanas del vecindario buscando ver alguna mujer desnuda, lejos del caño de “las mujeres”.

Anuncios

2 pensamientos en “El otro caimán

  1. Joaco, un saludo especial; pero te digo una cosa, para que la corrijas: Plato nunca en la vida se ha llamado…de la plata…¡jamás! Cuando quieras te muestro copia de las dos fundaciones, y el edicto por medio del cual el Libertador erige en villa a Plato. Los conquistadores, o los contratistas como Mier y Guerra, que fundó 13 poblaciones en el Magdalena, como estrategia para matar Chimilas, trataban siempre, en cuestiones de nomenclatura, además del nombre propio de los blancos, ponerle uno que los distinguiera entre los nativos, di tú: Santafé de Bacatá, San Sebastían de Menchiquejo, en fin, si no era así, los pueblos se perdían en la espesura si el nativo no daba con la dirección exacta del lugar o poblado buscado. Lo que sí es cierto, es que hubo un movimiento, muy arribista, de cambiarlo por la plata, irrespetando el vocablo indígena, que no prosperó. Lo triste, que en las escuelas de Plato están con el mismo cuento…en la Concepción…del billete, será. Un abrazo.

  2. Hola Joaquin Antonio, excelente ilustración de un tema folclórico, los cuales me gustan mucho como Lector, y mas cuando ganas aportes de expertos como David. La verdad es que mi imaginación se paseó por el rio haciendo mi propia película sobre el tema. Lo disfruté mucho amigo.
    Me. Gustaría saber si conoces algo sobre María Varilla, personaje del porro del mismo nombre y cuya música transmite una emoción única. Es posible que algunos de tus lectores lo sepan. La solicitud va para ellos también. Gracias por ese deleite que me perfiló el día para que sea algo especial. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s