Carrumba de bordes filosos

Sentado en el andén, con los pies sobre el piso pedregoso y húmedo de la calle, permanecía con la mirada fija en el paso, plac-plac… plac-plac, de las ruedas del tren sobre el sitio del riel donde colocó la tapa de botella de gaseosa que antes había aplanado con golpes de piedra y a la que con un clavo hizo dos pequeños orificios en el centro. Era el interminable paso del tren de carga con vagones rojos llenos de racimos de guineo verde que iba hacia el puerto. Las pesadas ruedas aplanarían totalmente la tapa dejándola con bordes cortantes.

Por cada uno de los orificios de la checa se introducían los extremos de un hilo de curricán que se anudaban dejando a cada lado una lazada de unos veinticinco centímetros, que estirada era sujetada por el dedo cordial de cada mano. De esa manera había hecho una carrumba.

Se le daba vueltas al disco para entorchar los hilos, logrando que al separar y juntar las manos aquel girara a alta velocidad produciendo zumbidos. El juego normalmente se hacia con carrumbas armadas con un botón grande o con checas solo aplanadas con golpes de piedra, y consistía en que los contendores se acercaban tratando de rozar la del oponente para enredársela y reventarla. Pocos aceptaban jugar contra las carrumbas de checas filosas aplanadas por el paso de las ruedas del tren, pues temían resultar cortados en las manos y hasta en la cara. Estas eran usadas más por distracción y por  escuchar el metálico y tenebroso zumbido que producían al ser accionadas. Sin embargo, había muchachos que se aventuraban a los encuentros con carrumbas de discos filosos en los que había también de bordes aserrados para mayor efectividad en trozar las cuerdas de la carrumba del oponente.

Vestía, esa mañana, pantalón corto de dril color caqui, camisa blanca con listas verdes y calzaba unas guaireñas que le quedaban cortas, pues a la vista se notaba que tenía los dedos recogidos. Cuando pasó el último vagón se levanto y con un pedazo de cartón, para no quemarse, cogió la checa aplanada que había tomado un color plateado con manchas negras. Sonreía satisfecho de haber logrado el propósito de tener su propia carrumba filosa hecha por él, pero ese juego no atraía su atención.

Durante la noche anterior había llovido. En la calle se formaron grandes charcos sobre los que a esa hora, temprano en la mañana, volaban rasantes mariposas de colores blancos, amarillas y negras. Se detuvo a contemplar la danza de las mariposas y tuvo la intensión de meterse al charco y perseguirlas chapoleando agua, pero decidió apresurarse para llegar a casa donde lo esperaba un plato de guineo cocido, queso y café con leche.

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3 pensamientos en “Carrumba de bordes filosos

  1. En el fondo eran juegos sanos. Recuerdo que el Hermano Carvajal, prefecto de disciplina (en la primaria del San Luis Beltran), una vez me decomiso una.

  2. Joaco la unica manera en la que se interesan hoy dia los muchachos en una checa o una tapa de cualquier producto gaseoso es en ver si les salio un premio pero del resto no saben o desconocen los usos que en nuestros años de niño le dabamos a estas tapitas.Presisamente me estoy dando a la tarea de mostrar en las paginas sociales unos juguetes que se hacian con estas checas o tapas como fueron los mueblecitos que con las tapas bien aplastaditas se hacian.Los jovenes de hoy si juegan a la carrumba pero de otra clase.

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