Era un humo denso color café

Habían llegado a casa pasadas las ocho de la noche. Berta arreglaba cosas en la cocina mientras Gilbelto tecleaba en el computador. Los gritos de Berta alarmaron a su marido: “algo se está quemando, algo se está quemando… Gilberto, corre”. El bajo a saltos las escaleras, y pensando en un corto circuito le grito que bajara los tacos. “No, aquí no. Es en la calle”, dijo ella.

Con pasos inciertos, pero rápidos, una mujer entrada en años, vestida con un deshabillé, llevando en brazos un niño con la cabeza cubierta con un paño y tapándose la nariz y la boca con uno de los extremos de la tela, caminaba agitada huyendo de la humareda que avanzaba a sus espaldas. Seguía una mujer embarazada que llevaba de la mano un niño casi a rastras, ambos acezantes, y luego un anciano que avanzaba con el apoyo de en un bastón. Una masa de humo denso, de color café, fue cayendo sobre ellos y tapó la visibilidad. No se veía a más de un metro. Seguía pasando gente, unos con zancadas, otros corriendo, algunos con dificultades respiratorias, pero el humo no permitía ver.

Berta fue entrando en desespero, casi en pánico, gritaba: “Vamos vamos vamos vamos” y su marido preguntaba: “Pero para dónde, si no se ve nada”. El había colocado un ventilador en el vano de la puerta que da a la calle y el humo del interior de la casa se había disipado algo, pero aun así la casa seguía llenándose. Los ojos lagrimeaban por el ardor, se sentía picazón en la cara y en el interior de la nariz. Berta no aguantó más y resolvió salir. Gilberto hubo de alcanzarla luego de asegurar la puerta de la casa. Avanzaban por la calzada, pues era demasiado riesgoso, por los desniveles y cantidad de huecos, hacerlo por la acera. No se veía nada, sólo se oían voces pero nada se entendía. Nadie sabía que estaba pasando. Los nubarrones de humo venían del nororiente y se alcanzaba a ver que eran cada vez más densos. Pasaron dos maquinas de bomberos y varias ambulancias, vehículos amarillos de la defensa civil. Sonaban sirenas de diferentes estilos, no obstante parecía que todo estaba en silencio.

Apareció la “loca” y sopló. Eso hizo disipar un copo el humo pero enseguida volvió a llenarse la calle hasta el piso. Se caminaba a tientas. Alguien rumoró que grupos de muchachos estaban saqueando las casas que habían sido evacuadas. En medio de tanta confusión era imposible distinguir quién iba en plan de ayuda y quien, para aprovecharse de las circunstancias. Gilberto y Berta alcanzaron a llegar a la avenida del Libertador. Esa señora parecía una fiera del desespero, trataba de seguir para un lado y para el otro, pero los cuatro lados estaban repletos de humo. No se veía nada. La visibilidad pese a la densidad del humo era algo mayor, lo espeso estaba de la cabeza para arriba, las personas se distinguían unas a otras pues podían verse las caras. “Son vapores de amoniaco”, dijo alguien, “Pero eso es muy tóxico”, dijo otro. “Eso está imposible, son las bodegas de Fenoco, y no hay como apagarlas”, exclamo un muchacho que acababa de llegar, en pantaloneta, con cachucha, sin camisa y con chanclas.

Un bus grande, azul, se detuvo y Berta se subió, avanzo dos metros y paró para que ella se bajara. Por el desespero había olvidado el pánico que tiene de subir en esos autobuses por la forma irresponsable como algunos son conducidos. Una de las mujeres que estaban allí se acerco a Berta para tratar de calmarla. Las busetas que pasaban anunciaban en las tablillas que iban “Mercado Playa” y no se detenían. Una que se detuvo fue abordada por Berta, algo le dijo ella al conductor que este cambió la tablilla por otra que decía “Rodadero – Gaira – Minuto”. Berta se fue para donde sus hermanas.

Con ese humo aún intenso y cargándose más a cada segundo, Gilberto caminó de regreso hasta su casa. Consiguió en algún mueble un tapabocas y lo humedeció con agua y vinagre, según escuchó decían los que pasaban que habían escuchado por radio, como medida preventiva. Colocó el ventilador en la puerta, hacia fuera, encendió el radió y localizó Radio Magdalena, que estaba informando sobre el incendio. Sentado en un mecedor hacía inhalaciones profundas mientras iba serenándose, pues también había alcanzado un alto nivel de excitación nerviosa.

Anunciaron que el comandante del Cuerpo de Bomberos daría un informe en doce minutos, pero pasada una hora aún no se había escuchado el informe. Se dijo de Puerto Seco. Igual, que el fuego se estaba controlando, al menos para que no se expandiera. Gilberto se asomó a la puerta de la calle, ya eran más de las diez de la noche y sintió cierta tranquilidad al poder ver la pared del otro lado de la calle, el cielo mostraba la parte de oriente azul y se veían algunas estrellas, pero al frente, hacia occidente, aún se mantenía la densa nube color café.

En los Cocos, sitio que ha alcanzado exclusividad, se escuchaban las voces de Willie Colon y Santiago Cruz en el evento de coronación de la reina del mar. Hasta allá llego la nube, pero la fiesta tenía que continuar. En una fotografía vista esa noche por interned, se observa una extraña escena en el sitio conocido como Rumbodromo: Unos parranderos, en una mesa, continúan la fiesta protegidos con tapabocas.

Radio Magdalena siguió informando y dando cabida a los oyentes quienes comentaban sus circunstancias, habló el comandante del Cuerpo de Bomberos dando detalles de los hechos y de cinco miembros de la institución afectados en cumplimiento de su deber. El secretario de gobierno distrital señaló que el material era Nitrógeno K componente de fertilizantes, propiedad de la empresa Nutrición de Plantas de Cali, del oxido nitroso como derivado y de lo tóxico e irritable que podía ser. Se informó de la congestión de los centros asistenciales y de la cantidad de personas atendidas en número no precisable, pero que según las informaciones estuvo entre 150 y 500.

Gilberto quedó solo, su mujer y sus hijos pasaron la noche en casa de parientes. Cuando dieron las doce  cerró puertas y ventanas, apagó las luces y subió a ver desde su cuarto los fuegos artificiales que encendían por allá, en la playa. Era ya el 29 de julio día de Santa Marta y se cumplían 488 años de fundada la ciudad.

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3 pensamientos en “Era un humo denso color café

  1. Fue una noche de sentimientos encontrados los que vivieron mis paisanos en el cumplimiento de un aniversario mas de nuestra ciudad; alegría, incertidumbre, sólo los que estuvieron presente pueden tener en su memoria las vivencias de esa noche. Lo registrado en esta página queda como punto de partida y de referente histórico de unos hechos por esclarecer. Buen punto, te felicito Joaquín.

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