Sentico

Cuando se destruyó aquel carrito de bomberos que tenía manguera de cánula de lavado, no recuerdo haber derramada alguna lágrima. Se desbarató el tanque de guerra, accionado por cuerda, que viraba a los lados maniobrado por un largo cable, andaba sobre orugas, las cuales se salían al rodar sobre el piso de barro de la calle que estaba aún sin pavimentar, y no recuerdo haber tenido sentimientos de tristeza. Observando la cartelera del teatro Variedades me robaron uno de los revólveres plateados, que me había traído el Niño-dios, que cargaba sujeto a la cintura con cananas y fundas de cuero adornadas con piedras brillantes, tuve, entonces, sentimientos de frustración, impotencia y rabia, nada más. Pero deshacerme de sentico, al ver que llegó a una etapa terminal de deterioro, que no resiste una restauración más, y cuyo único y final destino es el carro recolector de basura, me ha llenado de nostalgia, de sentimientos de pesar y tristeza, de perdida, de ausencia por lo que se fue. 

Fotos con senticoHabía cumplido dos años, días antes, cuando una mañana llegó a casa Guzmán Ceballos con un asientico de madera. Es para ti – me dijo–, este es mi regalo de cumpleaños. Era un asiento que tenía veinte centímetros de alto en las patas y de lado en el fondo, con una altura, por el respaldo, de unos cincuenta centímetros, fondo y espaldar tejidos en paja y barnizado en color madera natural, como los mecedores y demás muebles de la casa. Me referí a él como sentico. Ese regalo me emocionó y me agradó mucho, así lo evidencian las  fotografías, como en la que aparezco sonriente y de piernas cruzadas o la otra, de pie jalando pinta del mameluco, tomadas por mi madre con su cámara Kodak 127.

Era una pieza de ebanistería hecha personalmente por Guzmán con todas las técnicas del oficio: no había un solo clavo, las piezas de madera estaban ajustadas unas con otras por ensambles y tarugos o clavijas. Sentico estuvo tan bien elaborado que resistió  trajín y maltrato, agua e intemperie, pesos, tirones y arrastres, durante más sesenta y tres años sin desmembrarse. Se desajustó, perdió en varias ocasiones el fondo de paja, pero conservo siempre el empaje original del espaldar. Fue contemporáneo de otro mueble parecido que regalaron a mi hermana mayor, este era estilizado, con piezas torneadas y delgadas; era una silla tan fina que no aguantó el uso, y antes de que alcanzáramos  la edad de la razón ya había desaparecido.

Sentico desplazó el velocípedo, el carrito bombero y demás carricoches, no porque permaneciera en él sentado de piernas cruzadas sino porque lo utilizaba como carretilla arrastrándolo por el piso del lado del espaldar o de cualquier otro. Como resultado el asiento perdió por desgaste las protuberancias que remataban las esquinas de la parte trasera del espaldar, los ángulos de estas quedaron totalmente redondeados y las bases cuadradas de las patas traseras terminaron angulosas. El color madera del barniz inicial fue remplazado, años más tarde, de acuerdo con la moda del momento, por esmalte marfil, el cual mano sobre mano de pintura conservó siempre.Asientico 2 Cr 1

Sentico llegó a un estado crítico de descomposición, casi totalmente desvencijado, pero contó con la oportuna intervención de Ñaño Pérez, un ebanista del taller de Curieux, que se comprometió en reajustarlo, y así lo hizo: en dos semanas el mueblecito estaba reluciente, como nuevo, salvo la redondez de las esquinas del espaldar que quedaron como parte del estilo. En otra ocasión, años más tarde, fue un operario de la carpintería de Luís Eduardo Maiguel Ceballos, cuyo nombre no logro recordar, quien se encargó del proceso de restauración.

Sentico estuvo siempre con nosotros. Recorrió las ciudades en que nos tocó residir por mis traslados laborales y siempre ocupó un distinguido lugar entre el mobiliario de la casa. Sobre él sentaron sus posaderas niños, jóvenes y hasta adultos inconsecuentes tratando de hacerse los graciosos.

Todo ese trajín lo fue llevando al deterioro, se le rompió una vez más el fondo tejido en paja y sus partes se fueron desvencijando, aunque se mantuvieron unidas. La madera se abrió por la resequedad, las patas se fueron ahuecando por perdida de fragmentos pulverizados. Lo cual llevó al Asientico 2 (2)RCmueble a una etapa terminal de deterioro irreversible y a mí, por más que la pospuse, a tomar la decisión de retirar el asientico, apartarlo donde ya no hiciera más carga. Fue así como la tarde del lunes, cuando el sol declinaba en el horizonte emitiendo su tenue luz anaranjada, tomé a sentico por el espaldar y lo llevé a la puerta de la calle y con mucho cuidado lo deposité sobre el andén al lado de una palitrocada y de una bolsa negra de basura. Allí quedó él, erguido, imponente, desbordante de dignidad, en espera de que el recolector lo llevara a su destino final.

Santa Marta, enero 22 de 2013

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