Fetichismo patriotero

Hay expresiones que por mucho que tratemos de analizar y comprender siempre quedan en suspenso. Entre esas está “amor”, que para medio asimilar acompañamos siempre con algún adjetivo: Amor fraternal, paternal, platónico, divino, etc. En su comprensión, lo más acertado es que amor está encadenado como sinónimo de apego, y tal vez por ahí sea más entendible, al menos entre personas. Pero lo que sí es todavía más difícil de entender es ese amor por las cosas, eso de amor a los árboles, a las aves, al suelo o, más aún, amor a la patria.

Miguel Antonio Caro, dijo: “Patria te adoro en mi silencio mudo, y temo profanar tu nombre santo. Por ti he gozado y padecido tanto cuanto lengua mortal decir no pudo”. Amor a la patria. A ese pedazo de tierra donde nacimos o donde fuimos acogidos, extensible al todo que lo contiene, que suele simbolizarse por el escudo, el himno o la bandera. No sabemos muy bien cómo es eso, pero amamos la patria. Y como es algo que desde niños nos inculcan, llega a ser cosa común y corriente que se “ejercita” sin mucha conciencia de ello. O es que acaso no se ha dado cuenta cómo se nos erizan los pelos (pone piel de gallina) cuando oímos el himno nacional.

Se ama lo que se ve, lo que se conoce, lo que en cierta manera se tiene. A partir de allí dejo la conclusión al lector sobre eso de “amor a la patria”. Aunque de mayor precisión seria amor a la nación. Pero sigamos.

Hace muchos años, cuando adolescentes, bajábamos de Taganga por la carretera recién construida y sin pavimentar, al llegar al pie de monte desviamos por un atajo y pasamos frente a casuchas de invasión hechas con pedazos de latón, cartones, plásticos y tablas  madera. En una de éstas, a un lado de la puerta yacía un perro famélico dormitando, y al otro lado una niña de cerca de año y medio jugaba con una muñeca descabezada.

La única prenda que vestía la niña descalza era un calzoncito o braga confeccionado por la parte anterior con tela color amarillo, como el oro de nuestras riquezas saqueadas, para cubrir su mayor tesoro y en la parte trasera, una nalga cubierta por el azul de los cielos y los océanos, con Panamá y todo, y la otra, por el rojo de la sangre derramada por los héroes de la patria de hace 200 años, así como la vertida por las victimas de la violencia endémica que nos ha acompañado desde siempre hasta hoy.

La madre tomó una de las banderas repartidas por la dictadura del momento, que debían  ondear en las ventanas de las casas, para confeccionar las pantaletas de aquella niña.

Años más tarde la selección de fútbol del país, saldría a la cancha disfrazada de bandera: camiseta amarilla, pantaloneta azul y medias rojas, patrocinada por una marca de cerveza que utiliza los mismos colores en su publicidad y en las diminutas prendas que visten sus modelos. Las bailadoras de cumbia los llevan en los faldones y un humorista posaría desnudo tapándose apenas con el pabellón nacional. La encontramos en gorros, camisetas, mochilas; todo se ve amarillo, azul y rojo. Ese es el fetiche nacional.

“Todos somos Colombia” y por eso nos hemos de disfrazar con sus colores. Desafortunadamente esto ha sido un asunto de olas revividas, producto de una psicología de masas barata, que no guarda relación alguna con los sentimientos reales de un pueblo, valga la expresión, mamado de muchas cosas, para no entrar en detalle, entre ellas de tanto simulacro y engaño.

Pero desde  el orden estético hay que resaltar que tanto camisetas, como ruanas, gorras, pantalonetas, hamacas y demás prendas en las que utilizan los colores de la bandera, con alguna escasa excepción, todos muestran un desastroso diseño de mal gusto en el manejo y yuxtaposición de los colores.

Julio 2010

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4 pensamientos en “Fetichismo patriotero

  1. Del “amor patriotero” a la celebración o cuenta acumulativa de fechas importantes hay trecho y si el estado no aprovecha para enviar mensajes o mostrar realizaciones, está bien que sirva para que la gente se consiga sus pesos , tan esquivos en esta realidad económica del rebusque diário.

  2. Éstos resultados de diseño, han sido malas propuestas de sus creadores, que demuestran su pobre talento en sus conceptos.

  3. Podemos decir que el patriotismo que predicamos en este pedazo de tierra es una espuma banal del mercadeo.
    Pregunto ¿En cuántos países o naciones del mundo sus colores están plasmados en una bebida alcohólica, en mujeres semì-desnudas, etc.?
    Vivimos engañados.
    Si vemos los de Hollywood han realizado una serie de películas de patriotas y nada tiene que ver con el concepto que manejamos nosotros en en nuestra patria. Digo que “patriotismo es cuando lucho por la justicia, la verdad, contra la tiranía, proclamo la libertad, defiendo la vida y la igualdad de oportunidades”; eso creo que es patriotismo, y no salir a ondear la bandera cuando la selección de fútbol u otro equipo gana un partido, pero cuando mueren miles de colombianos a diario por la delincuencia, el terrorismo y otros males que nos aquejan, no salimos a ondear la bandera gritando: “QUEREMOS VIVIR EN ARMONÍA”.

  4. Amor a la patria cuando no se tiene patrimonio, es más bien un llamado a defender lo que no se tiene, ni autonomía para ser parte de la solución, o un pedazo de suelo sin escritura…que sé yo, que estamos bajo la dictadura de Electricaribe y no se sabe donde está la tranca.

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