Acerca de los tales buses…

El pasado 16 de julio salió en esta página el escrito “Los buses de mi historia”. Con toda sinceridad he de decir que eso fue lo que recordé, pensé, rumié y escribí. Lo he leído y releído varias veces y de verdad, sin pretender que sea una obra cumbre en la literatura universal, creo que encaja en lo que es una breve descripción del servicio de buses urbanos de una época en Santa Marta. Pero me preocupa, y hasta me ha trasnochado, el que varios de mis lectores y amigos me hayan comentado por escrito o en forma directa y personal que en ese escrito faltó algo más o que los dejé con hambre. En definitiva me han dicho que el escrito quedó incompleto. Que, además, en mis notas de respuesta que aparecen debajo de los comentarios da la impresión de que estuviera molesto; de eso, nada más lejano a mi sentir.

Esto ha sido como la inocencia de los maridos engañados. Todos se han dado cuenta de qué “algo” falta menos el autor. Bueno, pienso que estas cosas pasan y no es a mí sólo, pues en películas y novelas es frecuente que con determinadas actuaciones quedemos defraudados porque resultan diferentes a las esperadas por nosotros o que el desenlace sea diferente al que hemos  pronosticado según el texto. En las novelas policíacas de Agatha Christie, por ejemplo, difícilmente acertábamos con el homicida.

Pero en el caso de las película y las novelas es que no se da una cosa pero sí la otra, en cambio en el de los tales buses es que hay “algo” que no se da. Faltó algo. Los amigos lectores me escribieron unos, otros me abordan en la calle y se reafirman en lo mismo, pero hasta ahora no he encontrado ninguno que me diga qué es ese “algo” que falta.

Esto está como cuando asistimos a una comida y degustamos el guiso. Hacemos ese curioso gesto con los labios y la lengua, como si masticáramos el aire, nos miramos unos a otros hasta cuando alguien dice: “Está bueno pero le falta algo”. Pero, ¿qué es ese algo? Nadie dice nada, pero todos están de acuerdo en que le falta “un no sé qué”

He dicho, sin que, por favor,  se considere una grosería de mi parte “que cuando escribo estoy solo con mis recuerdos y la mosca verde que me está esperando [frotándose las manos] desde hace ratos”. En estos artículos se me escapan errores ortográficos y gramaticales que corrijo en una relectura y a veces hasta después de publicados, pero en el caso de los tales buses me preocupa no encontrar ningún faltante y que los amigos coincidan en señalarme que “algo falta”, pero curiosamente, como en los guisos, no dicen qué es lo que ellos consideran que falta.

Con toda sinceridad yo les agradecería a los que a bien tengan hacerlo, si es que lo han encontrado, me informen cuál es ese “no sé qué” que le falta al relato de los tales buses.

Torre de papel samaria, el otro blog

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6 pensamientos en “Acerca de los tales buses…

  1. Joaco, primero un saludo afectuoso. Los maridos engañados siempre seguiran de inocentes. No te preocupes.
    Recordar es vivir y tu nos das esa oportunidad cada vez que escribes una columna como la anterior respecto a los buses que partían de la plaza de San Francisco hasta Mamatoco. Doy fe a tus recuerdos, porque mis primeras excursiones de infante a juvenil, las hice como usuario del Muñeco que en veces lo manejaba su propietario Emilio Polo y los buses de los Hnos. Travecedo, conducidos por el Sr. Carlos o su hermano a quien le apodabamos “ratón”.

    Tu con mayúscula razón puedes escribir sobre ese tema, puesto que tus cotidianas visitas de novio por los lares de la Av. Libertador, eran posible después de haber utilizado los mencionados buses de la época.

    Para adelante, mi caro amigo. Un abrazo.
    Carlos Polo.

  2. Primo: Carlos tiene sobrada razón en su comentario, por éso te decía que el escritor eras tú. Tal vez lo que el subconsciente quiere es seguir en el “cuento”, en el remonte del tiempo, en las añoranzas y seguir leyendo y recordando más y más sobre el asunto. Quizás los anécdotas al interior del bus, aunque el tema lo trataste muy bien y graciosamente hace, tal vez, un par de años o menos. No le pongas más tiza a la vaina mi hermano. SI cada uno queremos agregarle a nuestra manera, forma y experiencias personales, hagámoslo en los recuerdos, pero lo que escribiste, escrito está.. . . . . parodiando a Pilatos, quien no tuvo esa buena oportunidad nuestra de montar buses en la costa caribe colombiana. Un abrazo y a la espera de nuevas reminiscencias de la samaria de nuestra época.

  3. Juaco soy un “Santamarteño” (antioqueño que adora a Santa Marta) lector asiduo de tus columnas, esa me parecio fantastica. Yo llegue aestos lares por alla en 1976 y conoci los carros de los hermanos De la Rosa, uno de ellos tenia una panederia, pero recuerdo uno de los choferes no se si era su apellido o apodo “Toro”, subirse en ese bus era un show, nop se si puedes recordar algo de eso.

  4. Juaquin Antonio, sigue escribiendo como lo sabes hacer, tengo la plena seguridad que todos lo disfrutamos, sigue trasladandonos a ese mundo de recuerdos de nuestra querida y adorada Santa Marta.

  5. Con todo el respeto para los lectores, querido padre, creo que lo les hace falta es ese espíritu entusiasta que tú tienes para escribir relatos propios y esa chispa de alegría y de interés que se plasma en cada uno de tus escritos.
    Sigue, pá delante que lo bueno es que se dé de qué hablar sea para bien o para mal. Eso muestra el grado de importancia que tú tienes para cada uno de tus críticos y seguidores: elogiadores de tu pluma digital.

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