Centro cultural “La atarraya”

Habíamos regresado del aeropuerto Simón Bolívar con la delegación rusa que llegaba a Santa Marta a no sé qué cosas. Reunidos en las oficinas del semanario El Orientador comenzamos la rueda de prensa con periodistas de las emisoras locales: Ondas del Caribe, Radio Magdalena, Radio Galeón y la Voz de Santa Marta, y de los periódicos El Informador, Diario del Caribe de Barranquilla y del anfitrión, El Orientador.

Eran tres rusos fornidos, altos y monos, parecían gringos, acompañados por una comitiva del Partido Comunista integrada por reconocidos militantes y algunos profesionales locales que debieron mantenerse en un extremo de la ronda para evitar quedar en evidencia en los registros fotográficos. Corría el segundo semestre de 1966.

El periodista de El Informador cogió de la mesa un paquete de cigarrillos Marlboro y le ofreció a uno de los delegados, éste estiró la mano para tomar un cigarrillo y el periodista se dirigió a mí, que era fotógrafo de El orientador, para que tomara una foto de ese instante, lo cual, por no haber comprendido la solicitud y porque él tenía su fotógrafo, no hice. Al terminar la reunión el periodista se me acercó y de manera quejosa me dijo que habíamos perdido la oportunidad de tomar una buena foto: un ruso fumando cigarrillos americanos.

El reportero de El informador, que tenía pronunciadas entradas, usaba chivera y hablaba con un toque de acelere, dijo llamarse Hernando Mendoza Sánchez, que había escuchado comentarios sobre mis condiciones como fotógrafo y que por ello había preferido que fuera  yo quien tomara esa fotografía. Desde ese momento empezamos a ser amigos.

Con Hernando conocí el clan de los Mendoza, en el viejo caserón con zaguán de la calle 19 con carrera 4. Francisco (Pacho) Mendoza y América Sánchez eran los pilares de ese grupo familiar, con el que me ha vinculado una muy buena amistad, parte importante de mi historia personal, y del que guardo material como para escribir más de una novela.

Hernando tenía una cámara zeiss de 135 milímetros y los sábados salíamos a tomar fotografías y terminábamos tomado frías y haciendo planes de actividades culturales. De éstas salió el centro cultural “La Atarraya”, con sede en la calle 16, Santo Domingo, entre carreras segunda y tercera. Era una casa o parte de ella con un gran salón con puerta a la calle, rodeado de sillas, algunos afiches pegados en las paredes y varias de mis fotografías colgadas sobre éstas.

Muy rápido tomó forma el centro. Entre sus integrantes recuerdo a Esther Cayón, Margarita Escofet, Elicita Escorcia, Miriam Santrich, Sarita Abello, Sigifredo Correa (Calef), Jaime Osorio, Antonio Salazar, Miguel Esper, Oscar Alarcón Núñez, Jaime Garcia Marquéz y otros que se me escapan. Enrique, hermano de Hernando, en ese entonces andaba muy serio en otros cuentos y apenas se acercaba; después nos hicimos amigos, pero ese es otro capítulo.

La primera muestra del centro cultural “La Atarraya” se realizó en la Universidad Tecnológica del Magdalena, que funcionaba en el centro San Juan Nepomuceno. “Los siete pecados capitales” de Bertolt Brech. Los siete u ocho actores, miembros del grupo, vestían totalmente de negro. La segunda muestra fue un recital poético en una discoteca, se trató del poeta ecuatoriano Humberto Vinueza leyendo poemas de su libro “Funeral Grandeza”.

Todas las semanas se realizaban eventos en la sede del centro; comentarios de libros, de poemas y de películas, lectura y análisis de tiras cómicas. Exposición permanente de fotografías, tertulias y conversaciones con Sigifredo Correa, quien trabajaba con la Corporación Algodonera del litoral, Coral, y era un aventajado actor de teatro, de ahí su apodo de Calef por el personaje que representó en alguna ocasión. Lo recuerdo en las charlas manoteando con su dedo índice derecho estirado y con la primera falange doblada.

Hernando mantenía viva la pasión por el cine y hablaba de su empresa cinematográfica Hermensan Film. Y de verdad que hicimos una película. Sin conocer el título ni mucho menos el guión hice de camarógrafo con una cámara de ocho milímetros que nos prestaron. Cámara montada en trípode, encima del atrio de la catedral, listo a la espera de que por la esquina apareciera la única actriz, Esther Cayón, con un vestido descotado y el bolso en la espalda, tirado al descuido por encima del hombro, caminado con desgano sobre la acera. Cuando ya había empezado a filmar y Esther se aproximaba, Hernando me arrebató la cámara y con todo y trípode se tiro a filmar dando vuelcos sobre la calzada.

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8 pensamientos en “Centro cultural “La atarraya”

  1. Nojoda Joaco…., cuesta trabajo saberte aún cuerdo…., con tantos amigos “locos” que tuviste a lo largo de tu vida….! O será mas bien que nosotros somos los locos….?

    • Recuerdo a los Mendoza, a quienes no volví a ver nunca más. El viejo era paisano y amigo de mi padre, nativos ambos de San Juan del Cesar. Buena historia Joaco.
      Oye Roger, es posible que todos. Tal vez el mundo mismo es una locura. La vida misma es una historia de locos.
      Un abrazo.

  2. Joaco, se te olvidaron varias cosas.Yo estuve en los inicios de La Atarraya y recuerdo la rueda de prensa con los rusos. Creo que El Informador aún no había reaparecido, por eso existía El Orientador. El traductor era el hijo Juan de la Cruz Varela, quien había sido guerrillero en el Sumapaz. Su hijo estudió en Rusia y murió.

    El otro que estuvo fue Jaime García Márquez quien le dio hospedaje en su casa a Vinueza, y resultó guerrillero y según Jaime después fue ministro en el Ecuador

    Claro que también me acuerdo de lo de Bertold Brecht pero que estuve estudiando el libreto y no participé finalmente.

    Es que años pasan y eso que dicen que cuarenta años no es nada.

    • Oscar, tuve mis dudas y vacilé sobre tu partcipación y la de Jaime en La atarraya como tambien estoy seguro se me escaparon varios. Quise detenerme en El Orientador y sus fundadores pero sólo recordaba tu nombre, José del C. Villanueva(?), Camilo Fadul, Alvaro Tovar vergara, Marceliano Polo Restrepo y Mario Londoño(?), además me extendía demasiado. Voy a incluir tu comentario en el blog. Es que, además, recordar todo ese rollo en tan solo un rato de trasnocho ya es bastante.Y más que 40 son 45. Bueno. Un Abrazo.

  3. Gracias Joaco, muy bacano el artículo. Me hizo recordar que yo estudié con Carmelo donde el Señor Núñez en 1º Bchto en 1960….araaaajo!!! y Pacho su hermano estudio con Julio, mi hermano en 4º primaria allí mismo. Muy buen artículo, primo. Un abrazo.

  4. Estimado Joaco: Como miembro del clan de los Mendoza, es muy grata para mi esa reminiscencia. “La Atarraya” fué algo muy chévere en esos momentos de impulso cultural que viviamos a la sazón en La Samaria. Este simpático grupo trataba de llenar el gran vacío que existía en esa querida ciudad en materia de inquietudes artísticas. Yo participé en algunas cosas, pero no tan protagónicamente como tu, Calef y especialmente Hernando.
    En alguna ocasión te escuché esa anécdota y ahora que la leo me imagino los aspavientos de Hernando, queriendo protagonizar una verdadera película ante los ojos de Esthercita Cayón, por quien se le salian las babas.
    Y sí… debemos admirar la capacidad que tenían de improvisar… de hacer cosas sin escuela… solo con las ganas de caminar haciendo el camino, como decía Antonio Machao.
    De los Mendoza, quiero decirle a Alberto (me gustaría saber su apellido, especialmente por su origen sanjuanero) que todos estamos vivos, regados por Barranquilla, Bogotá, VAlledupar, Tampa,. Yo estoy en Venezuela. Periódicamente me doy una rodadita por esa apreciada ciudad, que siempre llevaré en mi corazón,.
    Un abrazo Joaco, y continua alimentándonos.
    Enrique Mendoza

  5. Según tu último párrafo definitivamente a Hernando no solo se salían las babas por Esthercita, como dice su hermano, tambien se le revoloteaba el cerebro cuando la veia. Asi comienza el amor, cuando estamos jóvenes, jajajajaja. Buena esa Joaco, recordar es vivir.

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