Abuelo, regálame un caballo

A María Trinidad Quintero, a quien tanto le ha gustado

Las películas de entonces me llevaron a desear un caballo. Sin saber, y de atrevido, monté uno en la finca de mi abuelo. El susto y el regaño no fueron suficientes para disipar el deseo.

El abuelo llegaba a casa en las noches. Yo estudiaba cuando él se acerco a saludarme y saber cómo iban mis estudios.

–Abuelo, regálame un caballo.

–Cuando te aprendas el padrenuestro sin equivocarte, te traigo el caballo –contestó.

Noches después, cuando llegó, no esperé que él se acercara, yo salí a su encuentro.

–Ya me sé el padrenuestro –le dije.

–Bueno, te felicito y dime ¿Dónde vas a guardar el caballo?

–En el pasadizo que comunica el patio con la calle, abuelo.

–Perfecto, me parece un sitio adecuado –dijo él.

Emocionado traté de seguir estudiando, pero qué va. No lograba concentrarme. Me imaginaba cabalgando por la calle con las pistolas y el sombrero que recibí de regalo de navidad.

–Abuelo ¿y el caballo trae ya la silla de montar?

–Si tú así lo quieres, la traerá –contestó.

–Pero abuelo ¿ese pasadizo no será muy estrecho para ese animal?

–Eso tú lo sabrás –me dijo.

–Abuelo ¿y la paja para que el caballo coma? Aquí en la casa no hay.

–Eso tú lo sabrás –volvió a decir.

–Abuelo, abuelo… ¿el patio será espacio suficiente para que pueda caminar sin que el perro lo moleste?

Él me miró con cierta ternura y sonrió. Yo comprendí que me daba la misma respuesta: “Eso tú lo sabrás”

El abuelo continuó su visita, bebió café y comió galletitas. Pasado un rato se despidió y cuando cerró la puerta del automóvil y se disponía a partir, lo alcancé.

–Abuelo, abuelo… mejor dejamos el caballo en la finca y cuando yo vaya lo veo.

–Eso tú lo sabrás, mijo… hasta mañana.

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2 pensamientos en “Abuelo, regálame un caballo

  1. Abuelo regálame un caballo es un cuento didáctico escrito desde la perspectiva de los niños, refleja su inocencia, su actitud inquisitiva pero la profundidad con que se preocupan por los seres que aman.
    Es una invitación al esfuerzo, al estudio para alcanzar metas, pero también una magistral manera de enseñarnos a desprendernos de lo que queremos para lograr su bienestar. Lo hace el niño del cuento al pedir que el caballo permanezca en la finca y el abuelo al desprenderse de un caballo para premiar a su nieto. Felicitaciones a Joaquin Antonio Zuñiga Ceballos por su entrega a la literatura y a la pintura y por compartir su experiencia con los niños del taller Huellas Literarias. Mil gracias.

  2. Gracias, María Trinidad. El escritor no es inocente de lo que escribe, aunque no tiene el dominio pleno del desarrollo, sí se atraviesa e interfiere constantemente para castrar la espontaneidad del relato. Abuelo regálame un caballo es un cuento que como tú lo señalas despertó el interés de los niños de los talleres, pero de cierto es, y tú lo anotas, que esconde un contenido profundo y filosófico que ojalá en algún momentos podamos conversar.

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