Cuando conocí el tren

De las cosas interesantes que encontré cuando nos mudamos a la calle de la Cruz (12) con carrera sexta fue que el ferrocarril cruzaba a dos cuadras por el lado de la calle y por la carrera a dos cuadras también. En el cruce de la calle o paso nivel había una caseta y allí permanecía un empleado de los ferrocarriles, el guardavía, que cuando el tren se aproximaba salía y agitaba una banderola para indicar a los conductores de los pocos vehículos que transitaban en ese entonces que debían detenerse hasta cuando el tren terminara de pasar.

Ferrocarril del Magdalena 1874

Por muchas advertencias que nos hicieran en casa siempre nos atrevíamos a corretear por entre los rieles saltando por los durmientes. Muchas veces nos quedábamos sentados sobre las piedras a un lado de la vía viendo pasar la interminable cadena formada por los vagones de carga colorados que traían racimos de guineo verde para el puerto. El fuerte trepidar del paso de esos vagones sobre las uniones de los rieles hacía temblar la tierra y nos producía cierta opresión en el pecho. Había trenes que tenían más de cien vagones.

Cuando el transito automotor aumentó, la hilera de carros en la calle esperando que terminara el paso del tren también se hizo interminable. Ante el aumento de vehículos y la frecuencia del paso de los trenes cargados, fueron instaladas las barreras. Consistían éstas en una palanca larga fijada a un eje por un extremo. Cuando se acercaba el tren era bajada y quedaba cruzada a lo ancho de la calle para impedir el paso de los vehículos. El guardavía era el encargado de bajar y subir la barrera desde la caseta.

Por la mañana temprano salía el tren de pasajeros llamado “el especial” con destino Ciénaga, Fundación y estaciones intermedias. Halados por una locomotora de vapor, color negro, que resoplaba por los lados al movimiento de los pistones y expelía humo por la larga chimenea, seguían los vagones de pasajeros. Eran éstos hechos en madera sobre estructuras metálicas, pintados de verde. Se distinguían tres clases: de primera, dotados con sillas de dos puestos, con cojines abullonados y espaldares desplazables, que permitían cambiar el sentido de la orientación, ya sea con vista hacia delante o hacia atrás, lo cual hacía posible que dos sillas quedaran de frente entre sí.

Seguían los de segunda, con sillas de dos puestos, con espaldares fijos y fondos en madera y los de tercera que tenían una larga banca de madera a cada lado en la que debían acomodarse los pasajeros. Este tren regresaba en las horas de la tarde y recibía el nombre de “el ordinario”

Otro de los trenes era el llamado de “palito” que llegaba hasta Gamarra y era mixto; esto es, de carga y de pasajeros.

A partir de 1961, con la integración del Ferrocarril del Magdalena a la red del Ferrocarril del Atlántico,  comenzó a operar el autoferro con destino final Bogotá. Años más tarde empezaron a operar el tren de lujo y el expreso del sol.

Los trenes de pasajero llegaban a la Estación, un edificio verde con blanco que estaba al lado sur de la vía entre carreras 3ª y 4ª y con entrada por la calle 10B.

El tren con los vagones colorados cargados de guineo verde seguía en línea curva a la derecha hasta llegar al puerto para ser descargado. Los trenes de pasajeros al llegar quedaban con la locomotora en dirección a occidente, de modo que para un nuevo viaje  debían cambiar de sentido. Utilizando de los mecanismos de cambio de vía continuaban la marcha por un ramal hacia la izquierda hasta llegar próximos a la calle de la Cruz (12), de ahí regresaban en reverso y por maniobras de los cambios de vía lograban ponerse en posición de partida.


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7 pensamientos en “Cuando conocí el tren

  1. NOSOTROS VIVIAMOS EN LA 14 A POCOS METROS DEL PASO DEL TREN, AL PRINCIPIO EL ESTREPITO NO NOS DEJABA DORMIR, TODO TEMBLABA, AL TIEMPO SE VOLVIO COSTUMBRE Y NI LO SENTIAMOS, RECUERDO LAS ESCARRILADAS DEL TREN QUE PARALIZABA EL TRAFICO Y LAS GENTES SAQUEABA LOS VAGONES CON EL GUINEO VERDE, PERO LOS RECUERDOS LINDOS ERAN NUESTROS VIAJES EN TREN CON NUESTRA ABUELITA Y TIOS A PASAR VACACIONES EN RIOFRIO EN LAS FINCAS BANANERAS…….

  2. El acabar con los Ferrocarriles Nacionales de Colombia, fué un golpe mortal al desarrollo y progreso del país, del cual no hemos podido recuperarnos aún.
    Todo país con aspiraciones serias de avance hacia un futuro próspero,”necesita” de un sistema ferroviario bien estructurado que complemente las comunicaciones y cubra el volume de transporte de carga y suministros en todo el territorio nacional.
    Personalmente creo que el tren es una alternativa de transporte tan o más importante que las mismas carreteras interdepartamentales, especialmente en paises subdesarrollados como el nuestro.
    “La corrupción nos lleva al abismo del infortunio”
    Saludos samarios desde el exilio.

  3. Poema del libro Piedra a piedra (Ediciones Exilio, 2010) de Hernán Vargascarreño
    Trenes Nacionales
    Para El viaje, de Álvaro Mutis
    1
    Ni se atrevan asomarse a las ventanas. Cierren cualquier intersticio a la curiosidad. Esta es una de esas noches perturbadas e indefinidas en que suelen pasar los trenes perseguidos por el delirio. Más que presentirse, ya se escuchan sus bramidos devenidos en cantos de dioses oscuros. Sombras que ululan su destierro, espectros que no hay que perturbar cuando atraviesan sus antiguos poblados. Dejémoslos pasar con sus huellas del asombro como este tiempo que horada cualquier ilusión.
    2
    Se sabe también de los trenes que regresan entre neblinas, en religioso mutismo, antes del amanecer. Leves, invaden con su larga sombra la estación, y allí se instalan en absoluto silencio, como respirando alivio a su memoria de tantas rutas ya vejadas. Apenas clareando, huyen con su esperpento sin rumbo conocido, pero antes borran su jornada de toda memoria humana para no atreverse siquiera a humillar la vida.
    3
    También se ha conocido de aquellos trenes destinados a la celebración impúdica. Allí los verdugos eternamente intentan saciar entre sí su sed impura, pero nunca alcanzan la dicha. Jamás son felices ni en los sueños porque viven de los restos de su pasado ignominioso. Alguien oscuro que bien sabe cosechar el odio se ceba en alimentarlos con sus propias pesadillas. Nadie los ve del todo, pero su infeliz lujuria llaga su paso advirtiéndole a todo parroquiano el peso de la desdicha.
    4
    Y está el tren sin pasajeros obligado a vil oficio: preservar la memoria del terror que ha desangrado estos paisajes del oprobio. Pasa veloz y nunca se detiene. Nadie puede mirarlo de frente ni mucho menos guardar en su memoria su desaforado paso. Quien se atreva, deja para siempre en sus pupilas el retrato de la desnudez del desierto. Su mortecina luz es una sola quemadura.
    5
    Existe también el alucinado tren que aparece de cualquier dirección en la hora más inesperada. Como un mal recuerdo, cruza con su estruendo pueblos desolados multiplicando sus ecos en toda ruina y buscando en vano sus antiguos pasajeros. Y aunque toda falsa estación es un anhelo devenido en bálsamo y sosiego, siempre sucumbe huyendo a sus mismas soledades.
    6
    Cada tanto pasa también por aquí el tren de la dicha esplendiendo sus felicidades. Todos lo hemos visto. Va con sus algarabías repleto de niños, pequeños actores de un sueño celeste que han olvidado para siempre la noche aciaga de sus breves vidas. Lo precede un aire azul y deja siempre como estela un metálico vuelo de insectos dorados que se va difuminando lentamente hasta confundirse con el último velo de la tarde.
    7
    Algunos se atreven a hablar de un tren que nadie ha visto, de un tren que solo es rumor de irrealidad con su visaje de lunas sonrosadas que apenas se transparentan en el azul. Describen su paso hacia el medio día, mudo e invisible, pero latente en su irrealidad. Y aseguran que solo lo delata su deseo de ser, la terquedad de su memoria de la dicha. Cuando pasa, deja al día bellamente herido y un color indefinido ondea temblando en el tiempo.
    8
    Y gracias a los buenos dioses también suele pasar el tren de la dicha, el más deseado por sus sombras iluminadas. Cuando llega, se instala en los sueños de los más ancianos y los rapta a la patria de su niñez. Justo antes del alba los regresa con su carga de aventuras e ilusiones, y cuando despiertan, ni quieren morir ni le temen a la muerte.
    9
    Entre todos los trenes, hay uno que nadie espera. Todos lo odian y han aprendido a conocer sus trampas para procurarse parroquianos. Lo llaman El tren de los espejos impecables. ¡Ay de quien ceda a sus cantos de sirenas! Encandilado es engullido por el reino de la Nada, y quien se convierta en su presa y alimento, pasa a ser nada más que sombra del pasado.
    10
    Para todos puede haber un tren destinado en su justo momento. Ya se acerca uno conocido para ti. Asómate a la ventana y apréstate para su paso. Observa su estela tenebrosa y no le temas a su estruendoso silencio ni a su gélida vaharada. Busca en sus ventanillas tus rostros familiares -ellos te reconocerán- y lánzales tu desolado y breve saludo. Mañana serás el pasajero del eterno itinerario anhelando el más leve descanso en cualquier estación del olvido.
    11
    ¿Crees escuchar el remoto bramido de un ansioso tren? No te engañan tus temores, ya vienen por tus soledades. Desármate y abre los ojos para el salto. Aquí no vale ningún orgullo y mucho menos una zalamería. Mira de frente la luz destinada para ti y vedada para los demás en ese preciso instante. Ya nunca más palparás estas ociosas realidades.
    12
    Y el paso del último tren también ha de llegar. Su ruta ya ha sido demarcada antes de todo nacimiento, pues toda jornada se contrapesa con el premio de la noche cuando se han relajado sus vastas ataduras. Sin embargo, el último tren es la quimera más incierta. Vaga perdido y amorfo en sus fieles pavesas sin rieles ni almas ni estaciones. Y en él ya no habrá lugar para nosotros. El último tren es el tren vacío buscándose a sí mismo en la vaharada del Tiempo.
    Hernán Vargascarreño

    • Es verlo pasar desde la ventana incierta, leer y leer, rumiar y rumiar y dejarlo ahí con su contenido esotérico que poco a poco vaya integrándose al entendimiento, de manera extraña, en un saber mudo que vocifera en nuestro interior.
      Gracias Hernan.

  4. Para la historia, de la historia no contada por los canales tradicionales quedan documentos en los anales de algunas publicaciones oficiales que se deben escarbar.
    ¿Pero dónde queda esta historia narrada a otra generacion?
    Radio Bemba Sound System con Manu Chau y la segunda fase “Estación Esperanza” proyecto que nace en Santa Marta….

  5. Apreciado JOACO, desde hace bastante tiempo, me he convertido en un lector permanente de tus escritos “otoñales”. Que excelente memoria y capacidad de relato te ha dado la vida. Sigue trayendo a nuestra desgastada memoria, recuerdos imborrables y maravillosos.
    De tu último articulo, tengo que agregarle, que viví muy de cerca el diario trajinar del “patas de hierro”, como cariñosamente le deciamos en nuestra niñez al tren. Tal vez no lo recuerdas, pero a un costado de esa bella estación que tu relatas, se encontraba la tienda o deposito de mi padre: LA BODEGA, al frente la ferretería de don Jorge Diazgranados, el mismo de los desvestideros mencionados por ti en anterior cronica. Hoy todavía permanece sola y abandonada esa edificación, pero erguida como en su mejores años. Que bellos recuerdos nos dejó el tren, lástima que nuestros hijos y nietos poco conocen del mismo.

    Un abrazo…Julio César Ortega Schiller.

  6. Ojo. Si hablas de “La Bodega” también tienes que hacerlo de “El Cascabel”, “Puerto Arturo”, “El Globo”, “Billares Champion”, “La Cucuteña” y, con una lágrima nostálgica en los ojos, de “El Mercurio”, aunque no llegues al “Muelle de Luz”, ni a “Puente & González” ni a… Como hemos repetido en tantas ocasiones, los temas son inagotables.

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