El pesebre

La alarma del despertador, con su animada melodía de muñeco bailarín, sonó por un rato hasta detenerse en una pausa de algunos minutos y  volvió a sonar. Siguió así hasta cuando extendí el brazo, alcancé el teléfono celular y oprimí la opción “desactivar alarma”. Marcaba las cinco y treinta de la mañana del 15 de diciembre. Aún estaba oscuro.  

 Permanecí recostado mientras por mi mente pasaban los recuerdos de viejas épocas.  Era ese el día  que armábamos el pesebre en casa. Me levantaba más temprano y me alistaba para salir con la tía a buscar los guacales y cajones que formarían la estructura del pesebre. El sitio donde se guardan, durante el año, era una especie de garaje y depósito con un patio en el que crecía una higuera siempre cargada de higos maduros. Salvo ocasiones especiales ésta era la única que tenía para darme una buena comilona de esa fruta.

 En casa ya, colocábamos cajones y guacales sobre mesas organizándolos para darle la forma más adecuada. Disponíamos de la paja teñida de verde con la anilina que días antes había comprado, con la cajita de chinches, en la Estrella Matutina, del papel encerado y de alfileres y chinches utilizados años anteriores.

 Comenzaba así el proceso de moldear el papel para formar las montañas, los valles, y la gruta donde irían los personajes centrales del pesebre. Era una gruta grande en la que escondíamos dos bombillos amarillos que daban una iluminación sugestiva. Todo el armazón ocupaba casi un cuarto de la sala y alcanzaba una altura de dos a tres metros. Procurábamos, utilizando papel celofán y crespón azul, hacer la representación más aproximada de ríos y cascadas, y obteníamos  lagos en los que nadaban patos y cisnes que proyectaban el reflejo de sus figura en un espejo colocado de fondo.

 Era un mundo en miniatura que permitía todos los contrastes y desequilibrios; los pastores, por ejemplo, eran tres veces más grandes que las casas, y las ovejas tan grandes como éstas.

Las fieras convivían tranquilamente en paz con las ovejitas y las aves de corral. Había una monja regando alimento a los pollitos cuando aún no habían aparecido estas órdenes, pues el objeto de su culto apenas iba a nacer.

 La imagen del niño Jesús era de igual o mayor tamaño que la de sus padres, desproporción que siempre noté y traté de remediar con un niño Dios pequeño, proporcionado, que adquirí en el almacén Universo. Argumentando que era imposible que un niño al nacer tuviera tan exagerado tamaño lo sustituía por el pequeño. Los adultos no aceptaban mi osadía y en últimas me refutaron diciendo que los fabricantes de imágenes hacían el niño de ese tamaño para representar la verdadera grandeza de Jesús desde su nacimiento.

 Terminada la labor me sentaba frete al pesebre con las luces encendidas a contemplar la obra. Ya estaba terminada y por tanto había terminado esa aventura, porque en realidad eso era, una aventura, un goce. El entusiasmo por hacer el nacimiento no era producto de la devoción ni nada parecido. Era el desempeño creativo de las manualidades y el reto por hacerlo bien. La emoción por ir a buscar las cajas era sustentada por el deseo de saborear los higos maduros y  recrear la vista con las cosas que había en aquel lugar, movido además por el otro propósito. Que recuerde nunca me llamo la atención asistir a las novenas, en cambio sí armar con checas aplanadas los sonajeros y escuchar los villancicos.

 Diciembre es un mes que se caracteriza por ser la culminación de las esperas, y una vez resueltas éstas quedamos como en un limbo cruzados de brazos en continua espera.

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11 pensamientos en “El pesebre

  1. Parece una trivialidad que una costumbre tan inocente sea parte de nuestra historia comunitaria, pero el pesebre representa un símbolo de tradiciones que unía familias en barrios que a partir del 16 comenzaban a rezar la novena de aguinaldos con el tradicional “Tutaina”, y se rotaban por todas las casas de barrios para hacer la novena de cada noche hasta el 24, atendiendo según sus capacidades económicas a los invitados, unos más generosos que otros con natillas buñuelos, colaciones y un vinito. También la logística para desplegar el talento musical de algunos logrando una integración, un motivo para estar juntos y añorar a los que no pudieron llegar. Oportunidad para lucir las nuevas pintas y confirmar la identidad y pertinencia; Época familiar donde los solitarios poco dados a compartir esas deliciosas simplicidades debían hacer un esfuerzo y parecer socialmente normales. Una genuína fiesta para los niños , hijos, sobrinos, nietos y demás vastagos de cualquier clan afirmaban su progreso y logros . Pero por sobre todo el espíritu de convivencia en una época donde se debe ser feliz y demostrarlo, aunque también cabe la posibilidad de disentir, pero estamos adormecidos como para asumirlo creativamente e introducir variaciones en la construcción del mismo. Sin embargo, la historia que se reproduce transmite el mismo inquietante mensaje: Nace un iluminado que el mundo esperaba, muestra tres sabios de oriente con especies místicas como ofrenda y guiados por una luz en el firmamento para ser testigos de un suceso extraordinario que protagonizará ese niño que nació.

  2. La escencia del pesebre, tal como joaco lo expresa, no era de tipo religioso, ni encerraba tampoco un misticismo infantil. Simplemente era una oportunidad de hacer algo que nos sacaba de la rutina de las cosas diarias y que esperábamos todo el año, como pre-ambulo a los regalos del 24. Eran dias de fiesta y jolgorio infantil. Algo para lo que los adultos nos programaban sin comprender la profundidad que alcanzaba en nosotros, niños plenos de ilusiones, los sentimientos de aventura y alegrias navideñas.

  3. BUENO, EL PESEBRE, PARA MÍ, TAMBIEN ERA UNA AVENTURA; SIN EMBARGO, EN MI CASO SI IBA ACOMPAÑADA DE LA ILUSIÓN Y POR ESO VIGILABA MILIMÉTRICAMENTE EL AVANCE DE LOS REYES MAGOS HACIA SU DESTINO; CAMBIABA METÓDICAMENTE LAS FIGURAS DE OVEJAS Y PASTORES, TRATANDO DE DARLE VIDA A ESA RECREACIÓN DEL PUEBLO DE BELÉN Y DEL NACIMIENTO DE JESÚS.
    CREÍA EN EL NIÑO DIOS Y NO ME AVERGUENZO DE ELLO: ESA CREENCIA MANTUVO MIS ESPERANZAS DE VIDA EN ALTO, CUANDO A LOS 7 AÑOS SE MURIÓ MI VIEJO EN UN ACCIDENTE: LO HABÍA VISTO EN EL ATAUD, PERO ESPERABA OBSTINADO QUE EN CUALQUIER MOMENTO ENTRARA POR LA PUERTA DE LA CASA; Y LA BICICLETA, QUE “EL NIÑO DIOS” ME HABÍA REGALADO EL ÚLTIMO DICIEMBRE DE SU VIDA, ERA ACICALADA TODAS LAS NAVIDADES, HASTA CUANDO CUMPLÍ LOS 10 AÑOS DE EDAD, ESPERANDO “EL MILAGRO” DE LA REAPARICIÓN DE MI PADRE SIMULTANEAMENTE CON EL NACIMIENTO DE JESUS.
    EN ESA EDAD, NIÑOS “SADICOS” DEL BARRIO BASTIDAS DONDE VIVÍA ME QUITARON LA ILUSIÓN Y ME ABRIERON LOS OJOS, DE QUE EL NIÑO DIOS NO EXISTÍA. ESA NOCHE NO DORMÍ HASTA QUE EN LA PENUMBRA DE LA ALCOBA VI LA SILUETA DE MI VIEJA, ACOMODÁNDONOS UNO A UNO, A SUS CINCO HIJOS, LOS REGALOS DEL NIÑO DIOS.
    EL PESEBRE ES ESO: LA ILUSIÓN DE LOS NIÑOS POR EL “NIÑO DIOS”, CADA DÍA VENIDA A MENOS POR LA COSTUMBRE GRINGA DE LLENAR LA BASE DEL ARBOL DE NAVIDAD DE REGALOS Y REPARTIRLOS DE FRENTE, LA NOCHE DE AGUINALDOS.
    NADIE SE HA MUERTO POR CREER EN EL NIÑO DIOS. PERO MUCHOS SI SE HAN MUERTO POR NO TENER AL ÑIÑO DIOS EN SU ESPÍRITU NAVIDEÑO. AÚN MUCHOS TENEMOS TODAVÍA EN NUESTRO CEREBRO LA CAPACIDAD DE ILUSIONARNOS, TODAVÍA TENEMOS EN EL FONDO DE NUESTRO VIEJO CORAZÓN LA CAPACIDAD DE ASOMBRO, COMO NIÑOS INOCENTES QUE CREEMOS EN LA NAVIDAD, EN LA BONDAD DE LA GENTE, EN EL BUEN CORAZÓN DEL SER HUMANO. ESO SE LO DEBEMOS A HABER CREIDO DURANTE 10 AÑOS QUE EL NIÑOS DIOS EXISTIA. NO MATEMOS LA ILUSIÓN DE NUESTROS HIJOS ANTES DE TIEMPO…

  4. Saludo fraternal para todos. Ustedes todos tienen razón, J.J. pinta una historia para alimentar con anecdotas cercanas y fugaces. A.J. yo también movía a los R. Magos y a los animalitos y trataba de modificar la forma del bulto de papel pero no me dejaban con el: “Niño deja de neciar con el pesebre que vas a hacer un daño o causar un cortocircuito”, pero bien o mal, triste o alegre… todo continúa siendo una espera. Abrazos

  5. Ojalá no desaparezca esa ingenuidad que en los niños equivale a una verdadera coraza que los protege de todos los males. A estas alturas, con tantos años encima, comprendemos que esos primeros años nos brindaron satisfacciones que llenaban nuestras expectativas; siempre estaban los mayores para protegernos pero para nosotros ellos “creaban” un mundo a nuestra medida. Más tarde, cuando los niños ya no somos nosotros sino nuestros hijos, repetimos el libreto: engaño inicial hasta cuando ellos, querámoslo o no, van comprendiendo el mundo, un mundo que se les viene encima con toda la crueldad que conocemos. Pero por lo menos crecen con una base que más tarde recordarán y en la que tal vez encuentren suficientes motivos para ser simplemente ‘buenos seres humanos’. Como anécdota recuerdo que nuestra primera hija la mañana de su tercera o cuarta Navidad tranquilamente nos dijo que ella había visto varios días antes las ‘patas’ del muñeco que le trajo el Niño Dios. Enseguida señaló el clóset donde lo habíamos guardado. Efectivamente, los zapaticos del juguete habían quedado expuestos a la vista de ella. Quedó tranquila cuando le dijimos que el Niño Dios era quien permitía que tuviéramos un trabajo y por eso habíamos podido comprarle ese muñeco y otras cositas. De esa forma comenzó a comprender que no todos los padres consiguen alegrar a sus hijos en Navidad. Años después ya no hubo necesidad de explicarle nada, pero siempre quedó en su conciencia la tierna idea de que para obtener un beneficio en la vida es necesario ser ‘buena persona’, con todo lo que esa expresión encierra.
    Gracias, Joaco, por habernos recordado esta época, que si no ha desaparecido después de tantos años, no vamos a ser nosotros, precisamente, los encargados de eliminarla de nuestras vidas.

  6. LA TRADICIÒN DEL PESEBRE EN MI FAMILIA, ERA SIMBOLO DE ALEGRÌA, DE COMPARTIR, DE ESPERANZA, DE AMOR, COMPARTÌAMOS CON NUESTRO QUERIDO HERMANO MAYOR, JUAN MANUEL, LA ODISEA DE ARMAR EL PESEBRE, CON BOMBILLOS DE COLORES, CON EL CAMINO HACIA LA CUEVA, EL MOVIMIENTO DIARIO DE MARIA Y JOSÈ Y DE LOS REYES MAGOS, EL NIÑO DIOS SOLO APARECÌA EN NUESTRO PESEBRE EL 24, ESE DÌA TAN ANHELADO PORQUE AL MISMO TIEMPO EN EL PESEBRE ENCONTRABAMOS NUESTROS REGALOS, ES UNA TRADICIÒN BELLA, PARA NOSOTROS LOS CATÒLICOS, DEBEMOS CONSERVARLA EN LAS FUTURAS GENERACIONES, NO DEJARON LLEVAR POR LA DE SANTA CLAUS, ESA ES TAMBIEN HERMOSA, PERO NO ES NUESTRA, LO NUESTRO ES LA DE NUESTRO NIÑO DIOS QUE ADEMÀS DE LA ILUSIÒN DE LOS REGALOS, CONTAMOS CON SU MENSAJE DE AMOR Y ESPERANZA.
    QUE VIVAN LOS PESEBRES, QUE VIVA Y PERMANEZCA SIEMPRE EN NUESTROS CORAZONES EL NIÑO DIOS!!!!!!!!

  7. ´Irrebatibles y muy interesantes´los comentarios a tus propuestas sobre el pesebre y la presencia del Niño Dios. Sera’justo para la razon natural y particularmente para el anhelo y la expectativa infantil provocar el derrumbe de la inocencia y el candor de la primera edad.? Podría plantearse para todos la conveniencia de permanecer en esa etapa virginal de nuestro periplo existencial y así propiciar una mejor convivencia universal. Podrá contrariarse a voluntad la genética? Inténtalo Joaco.

    • Entre la razón, la lógica, la verdad y el encanto virginal de la inocencia infantil, no creo que haya lógica que quiebre el equilibrio de las etapas racionales del saber y del conocimiento. A veces la brusquedad de la ruptura es quizás más nociva que la callada inocencia y el encanto de vivirla. Tal vez lo importante sea el balanceo en la transición entre un saber fundamentado en la ilusión y otro, más pragmatico y veraz, fundamentado en la mierda existencial del ser por encima de lo que ES. BRAVO, BRAVÍSIMO

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