Clemencia Tariffa

Los gatos, encaramados sobre las viejas tejas enmohecidas, aullaron durante toda la noche. La luna, con los cuernos hacia arriba, apenas entraba en creciente. El amor de tantas fantasías no llegó, tampoco volvería a llegar la madrugada, nunca jamás.

Esa mujer que escribía poesía erótica detrás de la puerta donde el mundo se movía exacto, que cantaba bajo el agua sin que los peces lo supieran, que podía estar bajo la luna “en un mecedor azul triste y desnuda cantando frente al espejo”, murió.
Ha muerto Clemencia Tariffa.
El mejor homenaje que puedo brindar a su memoria es guardar silencio mientras leemos algunos de sus poemas:

SEPIA
Una hebra de cabellos
un crespo bello púbico
¡oh cuánta melancolía!

***

Amémonos
bajo los ojitos de Santa Lucía
convirtiéndonos
en ángeles, en bestias
en dioses y demonios
a la vez.

***

Yo no puedo pedir
un aro de Saturno
para mi delgado puño
ni una cinta de agua
para amarrar tristezas.

En cambio
si puedo ofrecer
la excitante abertura
que centra mis labios.

SENOS
Suaves, pequeños y tiernos
siempre erguidos, siempre firmes.

Senos de carne blanda
grácil figura y vaivén excitante,
que invitan a probar
las delicias de la tez canela.
Tallados sin aguja, ni cincel
sobre musgo secreto
son montes cubiertos de azúcar
para una boca insaciable.

***

Ahora
que hacemos el amor
sin mirar qué día es
o sentirnos culpables.
Ahora
que acariciamos las piedras,
inclusive,
gritamos palabrotas.
Ahora
que el aire es liviano
como el aliento de los niños
escribiremos un poema.

***
Somos dos figuras extrañas
que se diluyen
sin conversación
ni protocolos fatuos,
solamente,
con el deseo
hundido en la carne.

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3 pensamientos en “Clemencia Tariffa

  1. Hola, Joaco. Quise comentar tu artículo pero no supe cómo hacer. Me solicitan contraseña y cuando escribo la que uso me la rechazan. De todos modos, lo que deseo expresarte es lo siguiente: Conocí a Clemencia una vez que fue a la Unimagdalena porque le habían dicho que yo podía orientarla. De inmediato me di cuenta de que estaba fente a una poeta (o poetisa). Le recomendé la lectura de unas obras de García Lorca que había en la biblioteca de la UM. Eran alrededor de 30. Se las leyó todas y comprendió que la poesía no era la mera rima. Pensaba ella que lo que escribía no era poesía. Y sí que lo era. Había estado atada, en alguna forma, a las reglas de la preceptiva y se dedicó, de allí en adelante, a expresar sus pensamientos. Siempre la consideré una verdadera poeta. Me contó que una vez un político a quien le leyó algunas de sus producciones con el deseo de que la ayudara a publicar, le preguntó si ella escribía desnuda. No le contestó y tomó eso como una anécdota. Ya está Clemencia liberada de los demonios que siempre la acosaron, producto de sus carencias económicas y de una vida familiar azarosa. Desacansará en la paz que nunca tuvo en vida.A propósito, deseo escribir algo sobre Clemencia y me gustaría que me facilitaras una foto de ella. Podría ser la de su libro, que nunca tuve en mi poder y que no conozco. Contéstame al respecto. José Alejandro.

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