Los sonidos del cosmos

!Bravo. Bravísimo¡ Exclama una voz infantil en medio de prolongada descarga de aplausos. El público de pies aplaude. Aplaude frenéticamente mientras Monique Facuseh emocionada, con las lágrimas detenidas en los ojos, abraza a su hijo Ricardo, quien como invitado especial termina de interpretar al piano “Estudio sobre las teclas negras” y “Fantasía”, de Chopin.
A las cinco y cincuenta de la tarde, de este 20 de diciembre, ya era de noche en la quinta de San Pedro Alejandrino. Una estrella en occidente se destaca sobre el oscuro cielo. La brisa flamea las banderas de la plaza y los árboles se mecen dando la bienvenida.
La sala de conciertos del Museo Bolivariano comenzaba a recibir a los invitados y participantes al concierto especial de clausura del Centro Musical Mikrocosmo. Que bajo la dirección de Carlos Avendaño Miranda, cumple 35 años manteniendo con vida el piano en Santa Marta.
En una primera parte los niños, como si interpretaran el papel de veteranos maestros, ejecutaron fragmentos de obras que conmovieron al auditorio. Todos, no obstante la poquedad de años, hicieron sonar el piano con maestría. Sin demeritar a los demás, cabe destacar a Cristian Restrepo y a Fanny Dávila.
Luego correspondió el turno a los mayores. Se vio, se sintió y se oyó un piano ejecutado con resolución y soltura. Un golpe claro y firme de las teclas blancas y negras. Algunos ejecutaron obras de memoria, sin partitura al frente.
Tres parejas interpretaron arreglos para cuatro manos en los que se observó el grado de desarrollo alcanzado por estos jóvenes en el aprendizaje y conocimiento de este clásico instrumento.
Se escucharon fragmentos y apartes de obras de Beethoven, Mozart, Strauss y en especial de F. Chopin, como homenaje a este autor.
Se habla mucho de que en Santa Marta hubo una época en que en cada casa sonaba un piano al medio día. Si bien esto lleva su cuota de exageración, sí es cierto que en muchas familias de aquella época uno de sus miembros estudiaba piano o violín. Y Hoy día, a pesar de todo lo que ocurre, es grato encontrar que niños y jóvenes cultivan el bello arte de la música.
Al terminar, después de dos horas, inmersos en la imponencia de los jardines y de los centenarios arboles de la Quinta, bajo la bóveda oscura, se alcanzaba a escuchar el eco de los acordes del concierto que se fundían con las ondas sonoras del Universo, poniéndonos en contacto con el lenguaje sonoro del cosmos.

Diciembre 2008
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